Día 28: Oporto II

Anduve treinta minutos hasta el hostel. Podía haber seguido en el metro, haciendo transbordo hasta Marqués, pero siendo el objetivo del viaje conocer la ciudad, lo hice en Trindade. Oporto, de primeras, no me gustó nada. Hay coches por todas partes, la gente habla alto, los camioneros fuman mientras conducen y, por encima de todo, los graznidos, gritos y chillidos de las gaviotas. Al ser tan protectoras y celosas de su territorio, lo defienden así, expresando ruidos y lamentos

Cuando viajo solo, prefiero alojarme en un hostel. Me pasa desde que hice El Camino De Santiago y me hospedaba en albergues. Conocí a mucha gente así y sigo conociendo ahora. El hostel está situado en la Rua da Alegría. Me llamó la atención el nombre de la calle. He buscado por curiosidad en el callejero de Madrid sí existe una calle similar y, perplejidad, está cerca de la parada de metro Oporto. ¡¡Disfruto con estas casualidades!!

Dormí en una habitación compartida de ocho personas. Éramos, a parte de mi, dos chilenas, un ecuatoriano, dos chavales a los que nunca entendí y un hombre, portugués, que tenía más registros de ronquidos que chillidos las gaviotas. El pobre ecuatoriano, durmiendo en la litera de arriba, agradeció los tapones para los oídos que le di la segunda noche.

Del hostel Alegría, guardaré buenos recuerdos; ese encanto que sólo las escaleras de madera crujiente confiere a un lugar.

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