Día 27: Oporto I

Río Duero.

Lo primero que sentí al llegar a Oporto fue ruido, mucho ruido, demasiado ruido provocado por coches, autobuses, motos y sirenas. He echado en falta zonas peatonales, por no hablar de todas las obras que se están acometiendo a lo largo y ancho de la ciudad. He de decir que dejé Madrid poco predispuesto al optimismo, disminuido por un despegue horrible lleno de altibajos y oídos taponados.

No es cómo empieza sino cómo acaba. Afortunadamente, todo cambió. Nada más aterrizar, me sorprendió que me regalaran un plano turístico de la ciudad. En otros viajes he tenido que pagarlo o buscar una oficina de información para conseguirlo gratis. El acceso del aeropuerto al metro es fácil y barato, bajar dos plantas en el ascensor y acceder a él. Aquí, me llevé la segunda sorpresa: un operario de Prosegur nos ayudaba a los turistas a sacar el billete e indicaba por dónde teníamos que acceder a las vías. ¡Toma ya! lisboetas, aprended de vuestros vecinos. Me han hablado de vuestra rivalidad y, en este momento, los locales ganaban por goleada.

Se redujo la ventaja a los pocos minutos. Oporto, en cuestión de abono con tarjeta, se parece a la España de los sesenta. Ya no hablo de los pequeños restaurantes, nooo; ni las modernas máquinas expendedoras de billetes tienen la posibilidad de pago electrónico.

Continuará…

Metro por superficie.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s