Día 25: optimista por naturaleza

Nunca me habían dicho que tengo la voz impostada. Los años narrando capítulos de la Historia delante del micro, han dejado un poso en mi forma de hablar. No es ni bueno ni malo, un toque personal con el que hago épica la situación más cotidiana y absurda.

Los dos días de grabación en el estudio han sido increíbles para mí, y un ejercicio de paciencia infinita de técnicos, compañeros y productores. ¡Yo y mi manía de terminar el punto y final arriba, en vez de sentenciar el párrafo abajo!

No era consciente de la crispante entonación hasta que lo hice ante actores. Me corrigieron nada más empezar el primer ensayo.

Los puntos abajo -recalcaban – Aprovecha la pausa para leer y entonar el siguiente párrafo.

Lo intentaba una y otra vez, hasta que terminaba apareciendo mi optimismo vocal. El consejo de marcar el guión con flechas hacia abajo en cada punto, acompañado de una leve inclinación de cabeza al llegar, funcionó. La historia que hemos grabado, escrita y dirigida por Darío Márquez, es muy triste. No había párrafos alegres, el tono melancólico era necesario. Aprendí mucho.

En cierto modo, me pasa lo mismo en mi día a día. Prolongo el final, sosteniendo el optimismo más allá de lo que exige el guión de los acontecimientos. Temo poder incomodar a quienes me rodean con un exceso de ilusión incontrolado. Cuando me ‘sobreilusiono’, pongo flechas hacia abajo en mi vida, inclino ligeramente la cabeza y leo el siguiente capítulo con optimismo controlado. La técnica dura poco, creo en la posibilidad de que las flechas giren hacia arriba en un guión más optimista y se me olvida lo aprendido.

No puedo evitarlo…

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