Día 24: prohibido jugar

Mi amigo es venezolano. Llegó a España hace cuatro años, buscando una estabilidad inexistente en su país. Lo hizo acompañado de su esposa. Hace unos meses, ella se fue a Miami para visitar a sus padres. No volvió, pidió el divorcio y sigue en los Estados Unidos. Cuando se marchó, Rubén acababa de traer aquí a su madre, tinerfeña, viuda y residente en Venezuela desde siempre.

Mi amigo tiene que dejar el trabajo, su proyecto de vida, la casa alquilada y vender lo poco que ha logrado conseguir porque, con su sueldo, no puede seguir viviendo aquí. Me comenta lo ilusionada que estaba su mamá habiendo regresado a España después de toda una vida. Mi amigo lleva meses resistiendo lo que puede, sufragando gastos con el dinero ahorrado, buscando una solución que retrasara lo inevitable: irse a Estados Unidos, llevándose a su madre, en busca de otro comienzo. Ella, con el aplomo y determinación propias de una madre hacia su hijo, le ha dicho que irá donde tenga que ir mientras sea a su lado y le vea feliz.

Nadie debería poder jugar con la vida de otro.

P.D.: Y yo el primero.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s