Día 22: instantes

Anochecer vuelo Viena-Madrid

Hay que rendirse a la grandeza del instante, actuar como una cámara fotográfica aumentando el tiempo de exposición, para luego cerrar los ojos e inmortalizarlo en el recuerdo.

Mientras el sol desaparecía de mi día, con la cabina de pasajeros iluminada tenuemente, una pareja se encontraba y abrazaba en mitad del pasillo. No pudieron sentarse juntos y tres horas separados eran demasiadas. Ella tocó los botones del polo del chico hasta que apoyó la mano abierta sobre su pecho. Él, mucho más alto, buscó el pelo de ella con la mejilla. La escena duró minutos. Cruzaron varias veces sus miradas, sonrieron y volvieron a dar muestras de pasión ájenos a la intromisión de extraños. No hubo beso, el cándido contacto entre ambos fue más que suficiente. Creo que en el mismo instante en que salta la chispa, nace un lengua comprensible únicamente por dos.

Yo miraba de izquierda a derecha, de la puesta de sol al pasillo, entendiendo por un lado la grandeza de lo eterno, y por el otro la irrefrenable necesidad del instante.

Un comentario sobre “Día 22: instantes

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s