Día 21: imaginar

En la puerta de embarque, al pasar Yune el billete electrónico por el escáner, y mostrar su pasaporte, el operario de la aerolínea le preguntó muy serio de qué parte de La Habana era. Ella, sorprendida por la inesperada pregunta, propició un tenso silencio en el que sólo hubo tiempo para imaginar. Viajando a un país de Europa del este, pensé yo en una alarma internacional de busca y captura, activada en la pantalla del ordenador, de la peligrosa espía que me acompañaba. Adiós a mi escapada de fin de semana, no tardarían en detenernos, e incluso, quién sabe, pasar a disposición judicial esa misma tarde.

Todo cuadraba, era la explicación perfecta. Al no hacer mucho que nos conocemos, una profesión tan poco convencional sería la que no se proclamaría a los cuatro vientos. Seguía sin responder, mis manos se juntaban delante a la espera de ser esposadas. ¡No era tan difícil responder! Cuando salgo fuera de Madrid, me preguntan muchas veces de qué parte de La Comunidad soy. Con mi memoria de pez, ¿cómo le explicaría al juez que apenas sabía nada de ella pero viajamos juntos? ¿Me creería si le dijese que es todo muy loco?

La explicación fue más sencilla: eran paisanos, diría que casi vecinos, porque no hay nada más complicado que enterarse de todo en una conversación entre dos cubanos.

Escribo mientras vuelo. La compañía no nos ha sentado juntos. Doce filas más atrás de la agente doble, con los oídos taponados, desciendo en una nube.

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