Carcajada de machismo

Los tres nos miramos en silencio. Un olor nauseabundo inundó la sala mientras yo subía la barra en el banco inclinado. A la derecha, un hombre parecido al sargento Highway se incorporó apresuradamente de la colchoneta; a la izquierda, el habitual desconocido con bigote de superintendente de la T.I.A. luchaba contra el peso de dos mancuernas. El hedor no cesó. Puse pies en polvorosa seguido del individuo con pelo cortado a cepillo. 

Ahí se quedó “El Super“, inhalando el que parecía un gas venenoso ideado por el profesor Bacterio. Era impresionante, atómico, químicamente perfecto; parecía haber sido tirado por una mujer. No es machismo, está comprobado científicamente que tienen más sulfuro de hidrógeno que el de los hombres.

Dicen que el dueño del pedo suele quedarse disfrutando del aroma. Resistí lo que pude sabedor de lo beneficioso que es fumigarse internamente para prevenir la demencia, el cáncer o un ataque al corazón. 

¿Quién de los tres fue el culpable? Nunca lo sabremos. Para tres caballeros, hubiera sido perfecto limpiar conciencias con una mujer cerca. 

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