De palmero a palmero

Cuando era adolescente, durante años dependí en exceso de los amigos. Fueron una parte importante del desarrollo de mi personalidad, no lo niego. Siempre había uno, el maduro, que influenciaba al resto. La perspectiva de los años me llevó a la conclusión de que fui un palmero, o lo que es lo mismo, el adulador inconsciente y vehemente que defiende o sigue al lider sin reflexionar. En mi defensa diré que contaba con trece o catorce primaveras.

Hace unos días, un amigo publicó libremente una reflexión en la que llamaba gentuza a Cassandra y, lo más grave, a los dibujantes de Charley Hebdo asesinados en París por terroristas fanáticos. No tardaron en llegar las primeras reacciones. Obviando el momento histórico y las circunstancias (fundamentales desde mi punto de vista) basó su defensa en tweets inmaduros y portadas de la década de los ochenta satirizando (como lo hace El Jueves con mil temas) las bombas que ETA ponía en España. ¡Hasta entre las selecciones de fútbol de ambos países está superado el ridículo patriotismo!

Cientos de acólitos saltaron  impulsivamente al tablado confundiendo la libertad coartada con la crítica a la publicación. Unos se indignaron al ser tildados de ‘fachas’, mientras proclamaban pleitesía al soberano friki. Aunque les duela, no son fachas por fascistas aunque sí por reaccionarios oponentes a la innovación de razonar.

No todos los vítores fueron espontáneos. Para mi satisfacción, hubo muchos meditados, documentados y fundamentados; no me pasó inadvertida la caballerosidad de un destacado miembro del programa que, por ideología, fue blanco de las críticas hasta que se supo el autor. Cabe también mención la sufrida actitud del primigenio comentarista indignado, encajando los insultos en su muro de Facebook.

He tenido la oportunidad de hablar brevemente cara a cara con el autor. Deduzco que la situación le hace gracia. No aporta ningún dato y disfruta, privilegiado, de la reacción incuestionable (aplausos). Por supuesto, sin compartirla, acepto el derecho que tiene a manifestarse como, donde y cuando quiera. Mientras tanto, los periódicos siguen titulando mensajes provocadores de la joven bocazas para puntualizar en el cuerpo de la noticia que en ese momento era menor de edad; lo más grave, palmeros jalean, animan el sarao sobre trece cadáveres, incluido el de un reconocido afecto al régimen franquista.

Desde que tomé conciencia de la inmadura gratitud me cuesta arrancar en aplausos.

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