Vestidos de gala

Iba a contar detalladamente que el viernes me puse los calzoncillos del revés, las costuras vistas. Reparé en el error ya calzado, mientras me abrochaba los vaqueros remetida la camiseta. Creo que nunca me había pasado. Me fui a la calle así, desafiando la improbable y sonrojante situación de tener que enseñarlos. Desde el día siguiente arrastró un resfriado. Lo atribuyo a mi pereza, gónadas a la intemperie del azar.

Más gratificante es hablar de los regalos que he recibido en el día del padre. Están hechos con esmero y amor; lo más importante, vienen cargados de historia. Hace muchos años tenía un pantalón y una camisa por los que sentía debilidad. Formaban parte de la ropa cómoda que sólo el paso del tiempo obliga a desechar. El primero lo rajé con una matrícula levantada, la segunda, como el amor, se rompió de tanto usarla. 

Mi mujer guardó ambas prendas. Hoy han recuperado su esplendor y utilidad. Mis libros y pinceles se visten de gala para la ocasión.

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